lunes, 19 de junio de 2017

Aqueles marabillosos anos


O tempo xusto de desfacerte da carteira, saudar e coller ao voo o bocadillo... non pasaran nin 5 minutos e xa arelabas saír da casa de novo para xogar, si, esas cousas que antes faciamos os cativos cos amigos, en lugares perigosísimos como a horta máis próxima, a vía do tren ou o descampado de turno, onde experimentabamos algo tan saudable como a liberdade, os desexos de sentir, de arriscar, sen medo a nada, para iso eramos nenos... A tarde noite remataba sempre no recuncho preferido dos portais, hoxe case permanentemente pechados, murchas reliquias daquel tempo no que eran un dos nosos ‘redutos’ para o xogo, as trastadas, a descuberta, os soños compartidos, os risos irreverentes, os trémulos bicos, os temores... Sen play, nin tablets, nin móbiles, nin internet..., daquela a vida extendíase moito máis aló dunha pantalla para voar onde a imaxinación [e as pernas :)] nos levasen, coa complicidade de pais e nais desnaturalizados que non nos consideraban o centro do universo e cedíannos unha autonomía de movementos para medrarmos sen a supervisión constante e cronometrada minuto a minuto, sen ese exceso de protección e permisividade que produce seres un tanto narcisistas e inseguros e con escasa tolerancia perante a frustración ou a dor. 
















 

domingo, 30 de abril de 2017

Último tango en Berlín

Curtida en musicales, con Premios Molière y Laurence Olivier por ‘Cabaret’ y ‘Chicago’ a sus espaldas, y un cóctel exquisito de influencias artísticas, la esperada Ute Lemper hacía presagiar una noche espléndida… pero fue más, mucho más...
Elegante, sensual, poderosa, y a la vez cálida y cercana, Ute nos deslumbró con un sonido atmosférico, lleno de mensajes y deliciosos guiños a Berlín, Buenos Aires, París o Nueva York. Delicada, frenética, atormentada, frágil, corrosiva, lánguida, susurrando felina, silbando, nos sedujo sobre el escenario con emblemáticos himnos y piezas inmortales que forman parte ya de la historia y que en su voz adquirían una presencia inquietante…
No era un tugurio del Berlín o París de entreguerras, pero lo parecía. No se cortaba el humo ni falta que hacía. Ute Lemper fue Édith Piaf y Jacques Brel, fue Weill y Lotte Lenya, canalla, explosiva, glamourosa, melancólica, tierna, y con su tristísima Lili Marleen, Ute consiguió que lo que Hemingway había escrito sobre la Dietrich fuese más que un ardiente deseo, una certeza: ‘La muerte es algo que a ti no te concierne, Marlene, tú eres inmortal’.




















domingo, 19 de marzo de 2017

Lienzos, luces e instantes

Es muy amplio el catálogo de ‘cosas’ esenciales ante las que mostramos a diario una indiferencia insultante, fruto de la tendencia de los humanos a creernos el centro y la medida de todo. A menudo pasamos de largo ante la dimensión de las cosas, su olor, y acabaremos por nombrarlas solo de memoria...
Confundimos lo urgente con lo importante y nos perdemos la majestuosa roca horadada, el tronco milenario testigo de mil abrazos, el sosiego de las aguas en calma surcadas por tallos esculpidos por el viento y la edad... las caricias de sal y espuma, la voluptuosidad dunar, las luces y las sombras que perfilan cada instante, su geometría... y su poesía.
Afirmaba John Berger que las fotografías sirven para recordarnos lo que olvidamos, y que cada uno de nosotros olvida cosas diferentes... así que ante el peligro de desmemoria galopante no os inquitéis, me puse manos a la obra y aquí va mi humilde aportación.








domingo, 29 de enero de 2017

Donde habitan los sueños

Tantas noches la había imaginado que podía dibujarla en cada uno de sus perfiles, cobijarla en cada miedo y cada sonrisa, respirar cada brisa de su falda, cada aliento, cada roce de sus dedos descalzos, suaves, cada compás de su cintura marcaba el camino y los tambores, intensos y poderosos, eran el preludio del encuentro. Esta vez tenía la certeza, cruzaría el puente y nada ni nadie los separaría jamás... 
Ella tenía un sueño recurrente: el viento la había acompañado todo el camino hacía la otra orilla. Pero allí estaba, por fin, en lo alto del puente, bajo una mágica e insinuante luna. Y allí lo encontraría, tal y como lo había soñado, siempre él, y sus manos tendidas, su refugio. Suaves y sinuosos movimientos, caderas oscilantes, equilibrio, sudor, pasión, giros a un ritmo frenético sobre brazos poderosos. Reconoció cada pliegue de su cuello, cada nuevo abrazo, cada deseo de su boca, cada impulso era esperado y cómplice... Y así bailaron y bailaron, Maruxa y Erick se fundieron en el aire y fueron grandes, tanto como sus sueños. SóLODOS.